Saudade (1991/1992)

Magia

En una noche fresca
del verano escribes de ti
mismo como un poseído
por demonios o dioses
o fantasmas y no tienes
pactos secretos de hechicero
pero escribes bajo la niebla
o la luna en celo y en ese
ritual te ofreces en sacrificio
y te abres el corazón en
eterna ceremonia a los dioses
del poema que te otorgan
la magia de la poesía.


Epigrama

Otro día y la tarde se
deshoja al viento y sobre
la hierba yace su hojarasca.


Hechicera

Ella es la hechicera
que viene a visitarme
y no trae una bola de cristal
ni un juego de cartas de tarot
ni extraños bebedizos
a ingerir en ritos
pero escribo con su magia
porque ella es la palabra
que viene a visitarme
y me hechiza.


Mujer

Poesía
eres
y en poesía
te
convertirás.


Epigrama

Los hombres morimos nuestra
propia muerte
y a veces en una muerte ajena.
La muerte tiene tambièn
sus propias estrategias.


Ciudad

Los semáforos en la tarde
bajo la llovizna en rojo, verde
y amarillo detienen y dan paso
a los automóviles de la ciudad.
Yo miro desde la otra orilla
a la mujer que cruza la calle
con el sólo tiempo que le indica
su corazón en vía libre.


Epigrama

Una mujer puede ser un poco
de alegría y deseo
ternura acaso
encanto tenue como una llovizna
pero una mujer es siempre
un poco de frescura y alivio
como un vaso con soda y alkaseltzer.


Freudiana

Los amantes se
entregan mutuamente
la libido y la autoestima.
Se funden en un solo
cuerpo
y crean identidad
y por ello los amantes terminan
por parecerse a sí mismos.
La separación de los amantes
es dolorosa
porque la libido y la autoestima
no la tienen consigo
sino que está
en la otra orilla de sí mismos
y los amantes quedan
vacíos y tristes.
El amor es lo que hemos
construido en la otra orilla
de nosotros mismos.


Llovía

La vio dulcemente
esperar en el bulevar
fresca y suave
sola e inerme
y los árboles eran hermosos
junto a ella como
su sonrisa con el follaje
de las flores amarillas
sobre la hierba y el asfalto
y un hombre de octubre
se acerca y la besa
amorosamente en los pómulos
y la lleva de la mano
por la tarde.
Llovía cuando la miró
desnuda sobre
la almohada dormida.


Poema

Hoy quisiera escribir
un poema
como nunca podría escribir
un poema
pero un poema
a veces no se escribe como
uno quisiera escribir un poema
sino como a veces el poema
pueda escribirse
porque un poema no se escribe
cuando uno quiere
sino cuando el poema
se escribe por sí mismo
porque uno no escribe un poema
sino que es el poema
que lo escribe a uno
sólo que uno da su mano
y su corazón para que
el poema se escriba
como tampoco de uno depende
extensión o motivo del poema
y por eso la poesía tiene
esa magia o esa hermosura
que a veces
sólo tienen los sueños.


Sylvia

Sylvia es una buena amante
en el lecho, en la taberna
en la playa o en los jardines públicos
porque en ella el amor
no es más que un pretexto
para hacer el amor.
Sylvia como toda mujer
a veces llora
y siempre tiene una sonrisa socarrona
esa misma con la que a veces
se ríe de mí o se ríe conmigo
y le encantan los amores clandestinos
porque ella misma es a veces
un poco clandestina
y los hombres locos, risueños y tiernos
y la sonrisa de los niños
porque ella es un mimo
con una cara de pequeña japonesita
Sylvia es como la lluvia en la noche
y tiene colgadas en la pared
muñecas de trapo
una fotografía y un testamento nuevo
detrás de la puerta de su cuarto
de Gonzalo Arango
junto a un poema de amor
de Benedetti
porque Sylvia es la ternura a quemarropa
o la soledad a mediodía
y tiene un nombre melodioso
como una balada pop
y su cuerpo se estremece junto a mí
cuando amorosa y perversa
se sube a caballo en mis piernas
o me besa en el pecho
como una mariposa azul
en una flor roja.
Sylvia se echó encima de una mesa
como una gata en celo
sobre el tejado bajo la luna
esa noche primera que estuvo a mi lado
y acaricié sus vellos púbicos
como una hierba fresca
junto a un lago inmóvil
Sylvia esa dulzura de la noche
a la intemperie
con piel de mujer.


Amigos

Junto a su lado
camina y con amigos
se bebe esa cerveza de rigor
conversando y riendo
bajo los árboles
de las soderías a orillas
de las avenidas
mirando pasar frescas
y olorosas mujeres
de ensortijado pelo largo
como en día de invierno
y oyendo una música
de bohemia y fumando
pacíficamente bajo la tarde.


Árbol II

Árbol que estás en la tierra
echando raíces
verdemente de amarillas dulces frutas
o blancas flores
azules pájaros y nidos de hierba
bajo la lluvia es un refugio
y bajo su sombra es un alivio
discúlpame que orine
sobre ti
esta noche de espesa neblina
mientras fumo
o miro alrededor.


El circo

El domador de leones
golpea el látigo contra el piso
y noblemente el animal
se entra en la jaula.
Los trapecistas se lanzan
a un salto mortal
y el público hace silencio.
El equilibrista camina solitario
sobre la alta cuerda metálica
bajo la incandescente luz de los reflectores.
Los payasos con su risueña cara
de colores sueltan la risa
de los niños como una mariposa.
El hombre de los cuchillos
los lanza mortalmente
sobre la mujer rubia
que gira con los ojos vendados.
Las bailarinas cabalgan
bellamente sobre el lomo
de los elefantes y la cebra perfumada.
El hombre bala disparado
por los aires con el cañón
desciende en paracaídas
bajo fuegos artificiales.
Los malabaristas giran en círculo
platos blancos en la punta
de una sombrilla.
Los contorsionistas
extienden las piernas detrás
de la cabeza y fuman con el pie.
El maestro de ceremonias
elegantemente inclina la cabeza
y su mano blanca enguantada
en alto despide
la función de la tarde.


Carabelas

Las tres carabelas españolas
navegan cerca del mar
de las Antillas
y un marinero de boina vasca
avizora una gaviota
y nunca ojos vieron tierras vírgenes
como un hermoso lugar lejano de Oriente
y Cristóbal Colón besa la tierra como
un enviado de los dioses y cree descubrir
un mundo nuevo pero mágicamente
ese mundo ya está descubierto
por los hombres que terrestres
lo habitan bajo el sol y la lluvia
la luna y las estrellas que adoran
como fuentes de fertilidad
de las mujeres y la tierra del El Dorado.


El mago

El mago saca de su
sombrero negro
de copa conejos y palomas
hace castillos en el aire
con cartas de póquer
atraviesa con afiladas
espadas la caja de madera
donde yace una mujer
pelirroja que divide en dos
e hipnotiza con sus ojos negros
de conde de Transilvania
y desaparece entre una
explosión de humo y luz negra
y el público aplaude frenético
como por arte de magia.


Espejos

Alguien vive oníricamente
al otro lado del espejo
y oigo sus pasos cuando
acerca su rostro a merodear
en los espejos como en una
calle de niebla donde
a un hombre de la noche
lo acecha un asesino con
pulcros cuchillos bajo la luna
porque uno se acerca
a los espejos cada mañana
como a una condena.


El cazador

El cazador sabe dónde
ponen las garzas
y rifle, botas del pantano
y perros blancos amaestrados
sale a la cacería del jaguar
de amarillo nápoles y ojos
azules ese otro cazador
de los bosques desde el crepúsculo
hasta el amanecer y sigiloso
prepara las trampas en la orilla
del río y en el claro del bosque
donde el jaguar merodea y olfatea
al cazador y el humo del tabaco
que fuma para espantar los mosquitos
y registrar la dirección de los vientos.
En la mañana la hermosa piel
del jaguar se extiende al sol
y el cazador se acaricia la barba
y piensa en un buen precio
en el mercado de Oriente.


Aeropuerto

El cadáver de un
avión yace a un costado
del aeropuerto
entre latas de cerveza
salchichas, colillas de cigarrillo
hierba y lagartijas
que la lluvia y el sol han
convertido en un poco de chatarra
vestigio oxidado de un avión
de pasajeros que los niños en
vacaciones abordan felices
por la desvencijada escalera
y sueñan a volar a cielo azul.


El pescador

El pescador lanza su red
en el agua dulce
de la noche y las luciérnagas
brillan como una estrella
en la copa de los árboles a orillas
del río donde el pescador
lamido por la luna aguarda
en silencio en el borde
de la canoa que los peces
recorran río arriba a desovar
y en la lejanía de la noche
se oye el canto del búho
que endulza el viento húmedo
y frío oloroso a hierba
que desciende con la
cascada de la cordillera.
Al amanecer el pescador trae
su canoa cubierta de plateados
peces y extiende la red
a secar al sol y silbando
como los pájaros el río
conoce sus pasos cuando
cae la noche eterna como
una llovizna solitaria del páramo.


La calle

La calle más hermosa
del mundo
tiene un farol triste
y árboles de almendro
que en otoño llena
la acera con un hermoso follaje
y bajo su sombra
duermen los niños
los perros y los pájaros
y la lluvia cae limpiamente
sobre el asfalto
que la hace parecer
a veces como un río
y tiene el nombre de
un poeta muerto
y dos enamorados que caminan
abrazados dulcemente
y un vendedor de frutas
y periódicos y un hidrante
un reloj y un semáforo
bajo la niebla.
La calle más
hermosa del mundo
tiene una ciudad
de rojos atardeceres.


El oficio más hermoso del mundo

El viejo poeta lírico leyó
esa mañana mientras
llovía con cierta nostalgia
en los titulares de la crónica
roja en el periódico
la noticia de la muerte de la poesía
que anuncian los corredores
de la bolsa de valores y otros especimenes
y, con una leve sonrisa sarcástica
el poeta que había hecho de la poesía
el oficio más hermoso del mundo
cerró el diario y escribió ese
dulcísimo, intenso y transparente
poema de amor soñado por la poesía
que era su oficio más sagrado
y fue el más hermoso y magnífico
poema universal que atizó
el fuego que resplandece
como una viva estrella blanca.


Otros cielos

La casa era fresca
y cálida y en la mañana
merodeaban los amantes
que hacían un amor de fugitivos
y merodeaban en la noche
los que hacían un amor
de amantes clandestinos
y los que allí morábamos hacíamos
un amor de refugiados
y cómplices y eternos íbamos
al amor como a una liturgia o un conjuro
pero como aves migratorias huimos
en desbandada a otros cielos
otros nidos, otros veranos
porque un día nos cogieron
el nido de amor a pedradas
la casa fresca y cálida
donde hicimos del amor
una bella y dulce coartada.

Acerca del autor

Acerca del autor

Acerca del autor

Antonio Acevedo Linares (El Centro, Barrancabermeja, 1957) Poeta y Sociólogo. Magíster en Filosofía Latinoamericana y Especialización en Filosofía Política Contemporánea y Especialización en Educación en Filosofía Colombiana. Ha publicado: Arte erótica, 1988. Los girasoles de Van Gogh. Antología poética (1980- 1999) 1.999, Vol 1. CD, Poesía de viva voz, 2004. Atlántica, Antología poética (1980-2004), 2004, Vol 2 y seis Plegables de poesía. Sus textos figuran en selección de poetas a nivel nacional como regional, y paralelo a su actividad literaria ha publicado ponencias, artículos y ensayos sobre temas filosóficos, literarios e históricos en periódicos y revistas nacionales como de la ciudad de Bucaramanga en donde vive y escribe. Actualmente se desempeña como catedrático investigador en el Departamento Humanidades y Educación de la Universidad de Santander, UDES.